lunes, 1 de julio de 2019

La Verona sepultada

Selene


Cuando Romeo le declara su amor a Julieta, él jura por la Luna.
Esto le desagrada a la joven: "¿Por la inconstante luna?" le dice a Romeo.

La Luna sonríe ante la presunción de la doncella,
graciosa decide observar a los amantes.

Cuando los hombres se enamoran de la Luna, ella siempre danza para ellos,
plateada, negra, claroscura, la Luna jamás ha sabido del engaño.

Julieta, ¿te gusta que te engañen?, creyendo que -vaya tragedia- el amor solo puede 
brillar y cegarte o oscurecerse y cegarte.

Los que tienen su signo en la frente danzan en una hermosa elipsis en torno al amado.
En ellos las mareas se vuelven fieras tormentas, y las mareas se vuelven calmos océanos.
Jamás engañan, no se prometen como fuego ni como lacerantes peñascos.

Los que tienen su signo en los ojos permiten que estos se oscurezcan
de deseo, cuando quieren gemir, cuando el odio los enciende.
Jamás bajan la cerviz, si quieren mirar al mundo lo aprehenden.

Los que tienen su signo en el pecho le temen a las noches llenas
y vacían las camas y menguan sus cuerpos.
Jamás han conocido la estadía 

Cuando Julieta bebía el veneno de los labios de su amado, y buscaba la vida extinguida en sus ojos.
La Luna giraba, benefactora y  cruel.


Cuando Julieta fue petrificada, después de que su carne virginal estuviera penetrada por la daga infame,
su amor fue consolidado.


Estático

Y la Luna reprochaba a la constante Julieta,
siempre danzando para sus amados niños que la miraban.