domingo, 8 de enero de 2017

Palabras

    

     Crear. Destruir. Edificar. Acciones que parecen poder ser llevadas a cabo con las palabras y como se esparzan en el espacio.

     Existen genios, conocedores de este hecho, que las manejan desde el nacimiento, que eligen las mejores palabras a su alrededor, en un acto creador similar a un génesis, para contar las más diversas e increíbles historias.

    Genios mentirosos. Capaces de hablar de honestidad con la boca llena de deformaciones de los hechos. Que hilan las historias a conveniencia, para poder decir en algún punto "Yo soy mejor, mucho mejor que tú".

    Genios que mienten y deforman, no buscando colocarse en un pedestal, sino porque conocen suficiente del mundo. Su máxima de "Las mentiras nos mueven" cuando llegó a mis oídos la primera vez, despertaron cierto tipo de confusión. Yo, iluso siempre, creí que era una forma muy triste de ver la vida.

     Luego descubrí que era en cierta forma "verdad", pero no podía aceptar que fueran mentiras las que nos movieran. Yo deformé la línea anterior, más que las mentiras, quiero creer que nos mueve el desengaño.

     Los hombres son -somos- terribles mentirosos. Temerosos a la pérdida y a encontrarnos sumidos en un estado gobernado por fuerzas superiores a nosotros, creamos escapes a la realidad pesada que nos arrastraría hasta uno de los estados más animales que poseemos, el de la desesperanza.

     Pero ese baile entre mentir y descubrir una mentira -para luego superarla- nos mantiene en un constante vals a veces fundido uno con la música, otras a destiempo con el ritmo, pero siempre constante y armónico.

     Aún conociendo este hecho maravilloso, que ha guiado mi vida durante años, y la seguirá llevando de la mano. No puedo dejar de sorprenderme con lo ingeniosos que pueden llegar a ser algunos mentirosos.

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