sábado, 18 de noviembre de 2017

Relámpago

Sobre el alma de las cosas

 "Leer una casa (...) implica, pues, en pocas palabras, 
una relación simbólica con la intimidad de quien la expone" 
Oscar Medina.


Muchas veces he escuchado largas y tendidas reflexiones acerca de la lengua, sus diversas funciones y el propósito que se nos otorgó al haber nacido con la capacidad del lenguaje. Un raro espécimen entre mil. Otras tantas no es ningún propósito, y lo que lleva la batuta en la conversación son las marcas sonoras, inocuas, que conforman la lengua.

Otras tantas veces no hace faltar hablar de los propósitos de las cosas, porque, simplemente, dicho propósito aparece, rompe el espacio, brilla, encandila; el propósito se muestra por epifanía, y se fija en nuestra psiquis.

Vivimos en un mundo sensible: Tocamos, nos herimos, nos lastimamos la punta de los dedos con esta materialidad punzante.

Y jamás pensamos si acaso estos objetos, que nos pinchan, que nos hieren, poseen tanta alma como nosotros.

He allí una de las cualidades de las palabras: Desvelar el alma de las cosas. Por ellas podemos pensar en "leer una casa", o un pedazo de cristal, o una naturaleza repleta de signos. Leer requiere de tener el alma dispuesta, solicita, inocente, gentil.

Por ello que a los letrados les ofenda, hiera, enloquezca y conmueva una palabra. En las palabras se encuentran, a fin de cuentas, el alma de las cosas.

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