sábado, 30 de junio de 2018

Adjetivos

Partido


Siempre estamos esperando el arribo de alguien que partió

Esperamos que crucen nuestro mar por error, tontamente nos congelamos ante la imagen de una perdida, y por eso nos convencemos de otorgarle vida eterna a frutos que son del tiempo, van a alguna parte de nuestro imaginario, se quedan conviviendo con bestias y héroes, ahí se hallan.

Ingenuos, esperamos que un amigo de su vida por nosotros, y nos enredamos alrededor de su cuerpo, esperando un poco de ese sol que, creemos, se halla en su mirada, y en su piel, pues conocemos el Eros que hay en la relación sincera.

Tercos, esperamos que un amante regrese por otra noche, y nos petrificamos ante la idea de que nos hayan podido olvidar, ante el atractivo de nuevas camas en las que yacer, y otros corazones en los que posar la mano. Somos egoístas con los amantes.

Orgullosos, esperamos que un enemigo aparezca, y nos sentimos menos por el hecho de que no exista ningún enemigo que quiera batallar con nosotros, acaso indignos de cualquier guerra, mientras despreciamos la tranquilidad en que nos sumerge el tiempo.

Fieles, esperamos que un amor que se fue, aquel por el que, al parecer, dimos todo, regrese. Nadie habla de aquellas ocasiones en que regresan, y nos mecen en sus brazos, y bebemos de su pecho, y nos desbordamos al encuentro de dos tempestades, esperamos que dure para siempre.

Y esperamos que nos miren esos ojos, que nunca se nos borran de la parte trasera de los párpados, esperamos que nuestros padres nos suelten, y confíen en nosotros, y nos dejen en paz. Que nuestra madre nos despierte cada día a las cinco -cuando le pedimos a las seis- y que nuestro padre nos reproche cosas que no entiende.

Y esperamos que el reloj ni nos roce. 
Y esperamos siempre en vano.

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