miércoles, 16 de noviembre de 2016

Diálogo

Con el cielo, 12:00 am.


     Desde mi habitación puedo observar la luna, está medio vacía, colgada del cielo, brillando en tonos plateados, blancos, casi transparentes. ¿La ves tu también?

     Le hablo, converso sobre las canciones que poseíamos, sobre mi corazón y sus historias, sobre mis sueños, mis deseos... le hablo sobre ti.

     Su imagen se asemeja mucho a ti, verás: Por más que le hable jamás me contestará, la luna no escucha, sólo es materia inerte, un simple satélite, una mancha blanca en el cielo nocturno. Pero quiero creer que todos los cuentos que le he narrado llegan a tus oídos, que ella te los susurra entre sueños, y se adueña de tu mente en noches como esta donde las nubes se borran de la ecuación y solo queda un hermoso foco de luz sombría.

     La luna siempre ha inspirado a enamorados, a artistas y a desgraciados. Incluso las bestias le dedican canciones. Yo desearía poder entonarte una de igual belleza, pero mi garganta está rota, tantos gritos la han desgastado.

     Estas son pobres ilusiones. Desde tu habitación no se ve la luna. En las noches que pasamos entre tus sabanas jamás divise la noche, sus estrellas, ni su oscuridad. Que triste es que no la veas. Siempre le hablo de lo dulce que es tu piel, que se mete desnuda en la cama. Quizá por eso me torture, no puede creer que exista semejante ser en la Tierra.

     Sigue ocultándote de la luna. Nunca es buena con los que han amado.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Esta noche

Patético


Estoy herido. He orado a tantos dioses, pidiendo tantas cosas, que finalmente han decidido mostrarse en su forma más mórbida y cruel.

¿Quería fortaleza? Para ello debía aprender a recorrer caminos sucios y dolorosos cubiertos de sombras, que me hallarían frágil. ¿Felicidad? Primero tenía de volverme un amante de la melancolía. ¿Quería creerme puro entre sus labios? Primero habría de componer los más horrorosos pecados en lienzos de piel.

No sé como acabe postrado ante ti.

En el reloj se marcan las nueve, parece que hoy la tormenta decidió adelantarse unas seis horas enteras.

Los dados giran, Los dioses ríen. Yo escribo. Tú me matas.

Ha pasado una hora entera. Y para mi sólo fueron tres líneas... Alguien toca la puerta. Eres... viniste por mí. Corro a tu encuentro...

Qué iluso. Tan solo era alguien que venía a buscarme. Son las diez... es hora de marcharme.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Para reiniciar

Declaraciones


     Otra vez la misma batalla. Ya han pasado tres días en los cuales el insomnio ha gobernado mis madrugadas. Cada golpe de aire arrastra un nombre que solo me llega intacto a través del recuerdo.


"El cansancio es un tipo de muerte"
     Fue una de las cosas que quedó de aquel día funesto, cuando tu piel encendida latió en mi cabeza. Teorías sobre el hombre surcando el mar del tiempo; tan rápido unas veces que parece un torrente salvaje y lento otras tantas, tan lento que el tedio y la espera hacen de un segundo todo un siglo. Tan lento que una noche de repente se transforma en las Mil y una noches. Tan lento que podría asegurar que te he conocido durante toda mi vida, y toda mi vida se podría resumir al tiempo que transcurrió a tu lado, aunque solo hayan sido quince minutos.

     Pero mientras estos signos surgen, no estoy junto a ti. Eso no significa que ahora esté muerto -no del todo-, respiro, siento la lluvia, el olor del pasto, las voces de otras almas, los abrazos que da el sol, la cálida caricia de un día nublado, gris, siento mi voz, y siento que aún hay vida en mi pecho. Pero vaya vida a la que estoy condenado ahora.

     Jamás he sido bueno en las carreras, en ningún tipo de competencia. He ahí la razón por la que abandonara mis peleas mucho antes de comenzarlas. Sin embargo, es curioso que por ti haya estado dispuesto a batallar contra el más terrible de los gigantes... Y todo para nada. No más pisar el campo de batalla me hallé inútil y torpe. Ante la inmensidad del coloso recordé mi estupidez y mi fragilidad.

     Y es que, ¿cómo se vence a Cronos? Si lo único que nos permite visualizar es lo que dejamos atrás -tú- sin la posibilidad de cambiarlo. Lo que está al frente aparece entre brumas y con forma de quimeras -la ausencia-. Nunca le ganamos al tiempo. Esa batalla está definida desde que somos concebidos en su estómago. Oh, pero mientras que el cuerpo lleva adherido un reloj que nunca deja de avanzar, ¿qué hay de la mente? Aparece como un consolador regalo de las horas. Ella puede viajar al pasado y modificar las cosas, escapar del presente, viajar al futuro y ser la madre de tantos universos como quiera, existe fuera de los dominios de Cronos.

     Y ahí es donde te guardo.

    Por eso es que aún tu voz llega intacta. Aún tus pasos resuenan en mis oídos, aún tu aliento se adhiere a mi cuello, aún tu pecho compone melodías junto al mío, aún tu estomago aparece bestial, justo como tu garganta.

     Duele saber que todo es una mofa del tiempo. Mi mente te guarda animal. Pero tu cuerpo bajo el peso del reloj es solo una sombra de lo que -para mi- eras. Tu tiempo ahora transcurre entre los labios de otro prisionero temporal. Lo inmortal que hay en ti ya no me guarda. Y me ha abandonado, como si de un niño se tratara, bajo el manto oscuro del olvido.

     Ojalá que junto a otros cuerpos le ganes al tiempo. Que sus noches de lujuria parezcan siglos, y que los ojos por los que ahora paseas te guarden tan puro como yo solía hacerlo.

     Supongo que esa es tu forma de ganarle al tiempo: habitar una mente. Renacer entre la niebla. Te gusta la muerte y la vida que viene después de ella, no te basta con hallarte inmortal entre mis brazos.

     En esta guerra por poseerte entero mis armas penden de la pared. Que otros luchen por ti, que a muchos les complace poseer lo efímero.

     Yo fui derrotado en mi esfuerzo de hacerte inmortal.