Declaraciones
Otra vez la misma batalla. Ya han pasado tres días en los cuales el insomnio ha gobernado mis madrugadas. Cada golpe de aire arrastra un nombre que solo me llega intacto a través del recuerdo.
"El cansancio es un tipo de muerte"
Fue una de las cosas que quedó de aquel día funesto, cuando tu piel encendida latió en mi cabeza. Teorías sobre el hombre surcando el mar del tiempo; tan rápido unas veces que parece un torrente salvaje y lento otras tantas, tan lento que el tedio y la espera hacen de un segundo todo un siglo. Tan lento que una noche de repente se transforma en las Mil y una noches. Tan lento que podría asegurar que te he conocido durante toda mi vida, y toda mi vida se podría resumir al tiempo que transcurrió a tu lado, aunque solo hayan sido quince minutos.
Pero mientras estos signos surgen, no estoy junto a ti. Eso no significa que ahora esté muerto -no del todo-, respiro, siento la lluvia, el olor del pasto, las voces de otras almas, los abrazos que da el sol, la cálida caricia de un día nublado, gris, siento mi voz, y siento que aún hay vida en mi pecho. Pero vaya vida a la que estoy condenado ahora.
Jamás he sido bueno en las carreras, en ningún tipo de competencia. He ahí la razón por la que abandonara mis peleas mucho antes de comenzarlas. Sin embargo, es curioso que por ti haya estado dispuesto a batallar contra el más terrible de los gigantes... Y todo para nada. No más pisar el campo de batalla me hallé inútil y torpe. Ante la inmensidad del coloso recordé mi estupidez y mi fragilidad.
Y es que, ¿cómo se vence a Cronos? Si lo único que nos permite visualizar es lo que dejamos atrás -tú- sin la posibilidad de cambiarlo. Lo que está al frente aparece entre brumas y con forma de quimeras -la ausencia-. Nunca le ganamos al tiempo. Esa batalla está definida desde que somos concebidos en su estómago. Oh, pero mientras que el cuerpo lleva adherido un reloj que nunca deja de avanzar, ¿qué hay de la mente? Aparece como un consolador regalo de las horas. Ella puede viajar al pasado y modificar las cosas, escapar del presente, viajar al futuro y ser la madre de tantos universos como quiera, existe fuera de los dominios de Cronos.
Y ahí es donde te guardo.
Por eso es que aún tu voz llega intacta. Aún tus pasos resuenan en mis oídos, aún tu aliento se adhiere a mi cuello, aún tu pecho compone melodías junto al mío, aún tu estomago aparece bestial, justo como tu garganta.
Duele saber que todo es una mofa del tiempo. Mi mente te guarda animal. Pero tu cuerpo bajo el peso del reloj es solo una sombra de lo que -para mi- eras. Tu tiempo ahora transcurre entre los labios de otro prisionero temporal. Lo inmortal que hay en ti ya no me guarda. Y me ha abandonado, como si de un niño se tratara, bajo el manto oscuro del olvido.
Ojalá que junto a otros cuerpos le ganes al tiempo. Que sus noches de lujuria parezcan siglos, y que los ojos por los que ahora paseas te guarden tan puro como yo solía hacerlo.
Supongo que esa es tu forma de ganarle al tiempo: habitar una mente. Renacer entre la niebla. Te gusta la muerte y la vida que viene después de ella, no te basta con hallarte inmortal entre mis brazos.
En esta guerra por poseerte entero mis armas penden de la pared. Que otros luchen por ti, que a muchos les complace poseer lo efímero.
Yo fui derrotado en mi esfuerzo de hacerte inmortal.

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