sábado, 30 de diciembre de 2017

Rosa

Génesis Relativo


Las letras siempre brindan un universo totalmente paralelo a aquel en el que existimos, el universo negro (por la tinta, por el formato en el que se codifica la mayoría de las escrituras), que podemos poseer, ver, sentir, pero jamás tocar.

¿A qué viene este párrafo? A las ocho y treinta, llegaste.

Datemos el génesis de este universo tres años atrás, fecha en la que una profesora nueva -un ente guía- llegaba a un salón -el sitio del big bang- y comenzaba a hablar de literatura. Asimismo, el testigo de este universo tuvo el valor de relacionarse con el ente, y aceptar los misterios en lo que se prometía ser iniciado.

Invitación al teatro -fecha 0-, respuesta afirmativa, y preparativos al día siguiente. Encuentro.

Allí estabas tú, puntual, arreglado, emocionado. Y allí llegaba yo, impuntual, desastroso, apurado, frenético. Comienzo de la reacción nuclear: Iniciación: Teatro.

Risas, diálogos, muchedumbre, oscuridad.

"¿Nos tomarías una fotografía? - Sí" ¿Qué habrás pensado de mí? Nacía una galaxia ese día.

Colisiones. Charla en el autobús. Buscarnos, filosofar candidamente. Historias.

"Tú y tus domingos" Sofá. Reacción en cadena. Galletas. Dulces. Abrazos.

"Mi agosto..." Libros... beso. ¿Recuerdas el primer beso?
Promesas. Satélites. Inocencia.

Teoría del Caos. Calores. Decepciones... La tierra destruyéndose antes de pintarse.

Después frialdad. Acción y Reacción. Destinos. Fuerzas.
Y allí estaba: un universo vivo.

El universo que siempre nace de los dos. ¿Y si nunca hubiera ido al teatro? ¿Y si hubieras declinado la invitación? ¿Y si no hubiese sido considerado falto en nuestros primeros bailes celestes? Puedo escribir esos universos... pero la realidad negra me es insuficiente, burda, cada vez que tú apareces en ellos.

Eres demasiado puro, brillante, integro. Todo lo que el arte puede ser -oscuro, gélido, lascivo- y te amo con todos los adjetivos del mundo.

Me dueles en cada beso, pues sé que el roce inicia y ha de terminar.
Te amo en cada noche en los que te adueñas de mis sueños. Sueños tuyos.
Te escribo en cada verso, cada párrafo, cada sílaba que alguna vez salga de mis dedos. Vivirás en mi escritura eternamente... o efimeramente, si consideramos lo ínfimos que somos los hombres para Cronos.

Cada cicatriz que realmente importa lleva tus huellas: Porque las cerraste con tus labios, o porque las abriste con tus garras. Figura celeste y luciferina. Mi figura celeste y luciferina.

Te he odiado, detestado, y ahuyentado de mi mente. Me enseñaste que amar también es eso.
Me has dado tu tiempo, tu vida, tus labios, tu cuerpo. Y yo te he recompensado con los míos.
Te he perdonado mil ofensas, más una. Y tú has perdonado cada falta que he cometido. Y aunque lo positivista en ambos, espere un desliz para romper al otro, lo tierno, y piadoso que poseemos no duda en aguardar los pasos que revelan llegada.

Las noches más cálidas: las gastadas a tu lado. Las más frías: Las pasadas a tu lado. Las más vivas: Las vividas a tu lado. Las más puras... todas las noches que hacen sentirme humano. Todo a tu lado.

¿En que piensas cuando te hablan del amor? ¿Del futuro? ¿De la felicidad -y la tristeza- diaria? Yo pienso tu nombre. Desde lo más crudo, hasta lo más rosa, todo cabe en tu nombre.

Me haces creer en la magia, en el alma. Soñé contigo guiándome en el mar. Mil veces soñé contigo. Y todos mis sueños los recuerdo... al abrir los ojos, algunos días, me parece seguir en ellos.

También me has destrozado. Convertido en jirones. Y a nadie dejaría que lo hiciera, si no fueras tú. Verás, ¿arrastrarme? Ni en un millón de años. ¿Por ti? Toda una vida postrado, de ser necesario. Eres divino.

Y los dioses también eran crueles, infantiles, también herían. No eran enteramente benévolos. Junto a ti lo he comprendido.

Lo declaro, eres aquello que me hace sentir a gusto en este mundo.

Causas un efecto demasiado extático en mí, te escribo sin hilar, cada línea es un bombeo de sangre, es mi alma deformándose en signos, en oraciones -la mayoría sin sentido-. Cuando escribo para ti, sé que no hay máscaras, no hay estilos, no existe nada que no sea la desnudez. Jamás me he sentido tan desnudo ante nadie más. No hay posibilidad de convertirme en un actor estando tú entre el público.

¿Ser iluso? ¿Testarudo? ¿Obsesivo? Posiblemente, pero hasta me has hecho perder el miedo de humillarme. Si esto es lo que siento, ¿qué me da el derecho de callarlo?

Me has hecho pensarte ante cada ficción. Cada final posible. Familias. Viajes. Cada mención o alusión a un caballero y un protegido. La verdad que me haces sentir un infante... y tengo también que agradecerte por ello.

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